Encuentro Glorioso. Su historia

Según la tradición y algunos documentos escritos datados a finales del siglo XVI, la virreina de Valencia, Germana de Foix, segunda esposa de Fernando el Católico, estuvo varias veces en Torrent en periodos de descanso y presidió en una ocasión la celebración del Encuentro entre la Virgen y Jesús Resucitado el Domingo de Resurrección. Quedó tan impresionada que pidió que cuando ella no estuviera, una joven torrentina la representara.

La celebración del encuentro la organizaba una Cofradía de la Soledad que había en el siglo XVI en la población y, posteriormente, después de que esta desapareciera a mitad del siglo XVII, lo organizaban los clavarios que cada año nombraban a las autoridades municipales. Estos se encargaban de todos los aspectos de la fiesta. Cuando acabó la Guerra Civil (1936-1939), la fundación de varias hermandades, junto al restablecimiento de las que ya había, propiciaran que todas las celebraciones o procesiones de la Semana Santa, y por lo tanto, también las del Domingo de Resurrección.

En una primera época, las actas del domingo de Resurrección empezaban temprano, con el traslado de la Madre de Dios de Monte-Sión hasta la parroquia de la Asunción de Nuestra Señora, donde tenía lugar la misa de Resurrección. Después, desde el mismo templo se organizaban dos procesiones, cada una salía por una puerta distinta, y seguían itinerarios diferentes hasta que llegaban en medio de la plaza donde tenía lugar el Encuentro. Al acabar, volvían a la parroquia unidos en un séquito único. De tarde, una nueva procesión volvía solemnemente Nuestra Señora al Convento de Ntra. Sra. de Monte-Sión.

Las diferentes hermandades torrentinas se distribuyen por igual en la parroquia de Ntra. Sra. de Monte-Sión y en la parroquia de la Asunción, lo cual hace que se originen dos procesiones que acompañarán respectivamente a Nuestra Señora de Monte-Sión y el Cristo Resucitado y que de manera sincronizada inicien el recorrido hasta llegar a la Plaza Mayor, donde los miembros de las hermandades se entrecruzan para dar lugar a un colorido y una plasticidad digna de proclamación, con un sonido continuo de cornetas y trompetas y de batir tambores y bombos.

En el momento del Encuentro y al encontrarse delante del Hijo Resucitado, después de haber hecho las tres cortesías de rigor, a Nuestra Señora le quitan el velo negro y la capa. Un hecho singular de este Encuentro es la presencia de la    reina del Encuentro, con las camareras y los pajes. Originalmente, la elegían de entre los familiares de los clavarios y si estos fallaban, el propio Ayuntamiento.

Durante la procesión, la reina lleva una palma muy bien trabajada y las camareras unos “tabaquets” (cestita) con una paloma que soltaban y alzaba el vuelo en el momento del Encuentro. Una alegoría indiscutible del triunfo sobre la muerte y una alusión manifiesta al Espíritu Santo simbolizado en la paloma. En otras ocasiones, la Reina del Encuentro iba acompañada de un séquito de ángeles.

La aparición de diferentes hermandades también ha hecho modificar la elección de la Reina del Encuentro y Ángel de Resurrección y también el desarrollo del mismo acto del Encuentro. La reina se elige por orden rotatorio entre las hermandades, de entre los miembros más representativos, y va en procesión, ante la Madre de Dios, acompañada de todo su séquito. La reina, quien simboliza también el ángel que anunció la resurrección de Jesucristo, lleva en las manos un estandarte con la inscripción Aleluya y le acompañan las dos camareras que llevan palmas o a veces, unos cofres pequeños y numerosos pajes que le llevan la cola enorme del traje. En el momento del encuentro, la reina anuncia con voz fuerte y con una poesía: “Cristo ha resucitado!, Aleluya!, Aleluya!, Aleluya!”.

En este instante a Nuestra Señora le quitan el velo negro y la capa morada que la tapan, se abre la alcachofa de la que caen numerosas aleluyas, igual que de los balcones de las casas vecinas. Entre el estrépito de las tracas y el sonido de los tambores y de las cornetas alzan el vuelo numerosos palomas y pájaros. El estandarte que llevaba la reina se coloca en la mano del Cristo Resucitado; mientras que, la palma que llevaba el sacerdote que preside la procesión la entregan a la reina. A continuación los miembros de las hermandades, la reina y el séquito y también las imágenes, en una única comitiva se dirigen a la parroquia de la Asunción de Nuestra Señora para participar en la misa de Resurrección y al acabar esta, acompañan Nuestra Señora de Monte-Sión hasta su parroquia.

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